Angela Argañaraz despliega estrellas sobre la mesa de su cocina. Saborea su brillo, consiente su altanería. No ha tenido que bajarlas del cielo. Sólo ha necesitado ser fiel a una vocación. A un impulso que la sacudió cuando promediaba los 20 años. A un ímpetu envuelto en azul. Las estrellas que desfilan sobre el mueble son esencialmente terrenales, pero también iluminan: se trata de los distintivos que esta comisaria inspector se ganó a lo largo de sus 30 años de carrera, y que dan cuenta de su jerarquía.
Argañaraz es una de las pocas mujeres que alcanzaron cargos altos dentro de la Policía de Tucumán, dentro de la cual -hasta ahora- el personal femenino está mayormente abocado a las tareas administrativas o de patrulla, de acuerdo con datos de Seguridad Ciudadana. Cuando LA GACETA le propone mirar en retrospectiva, la comisaria asegura que el trabajo ha sido duro, pero gratificante.
"Al entrar a la institución, se debe estar dispuesta a cumplir cualquier servicio: turnos de 24 horas, guardias en hospitales, custodias de detenidos y más. Varones y mujeres son preparados del mismo modo para esto y efectivamente lo hacen", advierte la actual directora del jardín materno infantil "Los pollitos azules", adonde asisten los hijos de los uniformados, y que tiene su sede en la Jefatura.
Según Argañaraz, la incorporación del personal femenino tiene un impacto sensible en la Policía. "Las mujeres son más cautelosas y trabajan con otra psicología: intentan contener a la gente, generan la confianza para contar problemas y, en ese sentido, pueden asesorar mejor. También, con su sola presencia, son capaces de suavizar ciertas situaciones violentas con los detenidos. Así, en esta carrera, una se va convirtiendo un poco en médica, un poco en asistente social, un poco en psicóloga", señala.
Argañaraz admite que hay machismo dentro de la fuerza ("como en cualquier otro ámbito", aclara), pero también revela que, mientras fue oficial jefa, tuvo una buena relación con los hombres a su cargo. "No tuve problemas; el personal siempre fue subordinado. La autoridad no depende del sexo sino del respeto que impone cada uno. Y las mujeres sabemos poner orden y enseñar responsabilidad a los empleados", acota.
Orgullo y prejuicio
Otras policías, que prefieren no identificarse, sostienen que los prejuicios abundan en las dependencias policiales, y que el más común se basa en que, al formar una familia y tener hijos, las mujeres deben necesariamente quitarle tiempo y empeño al trabajo. "En algunos casos, esas teorías son ciertas. Tenemos compañeras cuyas parejas no les permiten hacer guardias largas porque de ese modo tendrían que pasar la noche fuera de su casa o porque descuidan a los chicos", admite una de ellas, que cumple tareas administrativas en una comisaría de la capital. "Por eso, los jefes suelen destinarnos más a la atención al público, que tiene turnos más cortos; a la recepción de denuncias; o al servicio de parada. Son muy pocas las que participan de allanamientos o las que forman parte de Brigadas", agrega.
En ese sentido, todo es cuestión de la capacidad para organizarse, señala la psicóloga Patricia Santucho, coordinadora del Centro de Atención y Orientación en Violencia Familiar, donde trabaja con personal policial femenino. "Cada mujer, sea cual sea su profesión, suele cumplir muchas tareas. Y si a cada actividad le asigna su tiempo específico, puede coordinarlo todo. Así, no es válido el prejuicio de que una agente no pueda llevar su vida familiar y laboral al mismo tiempo. Probablemente, si la confinan a lo administrativo es porque es mucho más detallista y aplicada que un hombre y es más funcional para esa tarea", expresa.
Santucho considera incluso que las mujeres que ingresan a la Policía lo hacen obedeciendo a una sensata vocación. "Ellas saben lo que representa el uniforme, la insignia, el trabajo, la ayuda al otro. El hombre relaciona el trabajo más bien con un ingreso económico, con el medio que le va a permitir sostener a su familia. También ellas son las que le dan un toque de solidaridad a la institución, las que se ocupan de lo social. Eso le hacía falta a la Policía y ese rol se está reconociendo recientemente, probablemente a partir de los últimos cinco años, que es el período en que aumentó de forma considerable la incorporación de mujeres", indica.
Con ella coincide el jefe de Policía, Jorge Racedo, que calificó la presencia de las uniformadas como muy importante. "Si en algunas dependencias hay más varones, es porque las tareas que le son pertinentes son de choque o violentas, y no queremos obligar a las mujeres a pasar por esas situaciones", dice.
Para la comisaria Argañaraz, en cambio, el haberle hecho frente a situaciones peligrosas con la contundencia del uniforme es hoy fuente de orgullo. "Tanto es así, que dos de mis tres hijos quieren entrar a la fuerza; creo que esa es la mejor manera de proyectar mi profesión", presume, orgullosa del nacimiento de la que quizás sea la más resplandeciente de sus estrellas.